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Invertir en los jóvenes de hoy para asegurar la fuerza laboral del mañana

La transición demográfica puede representar una oportunidad para países en vías de desarrollo. Durante ésta los individuos que constituyen la fuerza laboral superan a la población dependiente (menores de 15 años y mayores de 60 años), situación que genera recursos económicos para el estado, que pueden servir para promover la calidad de la educación, invertir en empleos productivos y en el desarrollo de sistemas de protección social.

Un aspecto fundamental de la transición demográfica es la reducción de la tasa de fertilidad. En los países que aún no están en los estados avanzados de la transición (Bolivia, República Dominicana y Colombia) observamos tasas de entre 2 y 3 hijos de media, mientras que en Brasil, México y Chile, más avanzados en esa transición se sitúan entre 1 y 2.

También se observan diferencias según los ingresos de la población. Los datos evidencian una brecha significativa entre el número de hijos en las mujeres del quintil más bajo y las del más alto. Por ejemplo, en Colombia la tasa de fertilidad promedio del quintil más bajo es de 3.2 hijos (mayor que la media nacional) mientras que la del quintil más alto es 1.4. El caso más radical en este sentido es Bolivia, donde las mujeres en el quintil más pobre tienen un promedio de 6.2 niños mientras que las del más rico tienen 1.9.

Esta diferencia de fertilidad entre quintiles de ingreso tiene fuertes implicaciones en la transición demográfica en estos países. De continuar esta tendencia, a la hora de entrar en la fase de transición del dividendo demográfico países como Bolivia, República Dominicana y Colombia contarían con una fuerza laboral formada en su gran mayoría por jóvenes provenientes de los estratos más pobres del país. Esto significa que los gobiernos actuales deben invertir especialmente en la educación y salud de estos jóvenes para que en el futuro estén preparados para trabajar y permitir el aprovechamiento de los beneficios del dividendo demográfico.

Si esta población no alcanza un logro educativo suficientemente significativo los países podrían llegar al final de la transición demográfica con una fuerza de trabajo que en su gran mayoría continuará necesitando inversiones sociales. Esto limitaría la disposición de ahorros provenientes de la reducción en la población de dependientes y el aumento de la fuerza laboral con empleos productivos, que podrían ser usados para mejorar las condiciones económicas de todo el país.

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