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Las luchas por el bienestar, más allá del conflicto

El poder transformador de esa participación es resultado de la profundización de la democracia

Gustavo Arriola Quan
enero 10, 2017

Los conflictos son inherentes a las relaciones sociales en todos los niveles. Casi cualquier acción humana puede afectar intereses de otras personas y los marcos normativos de cada sociedad establecen rutas para ordenar las relaciones conflictivas. Pero más allá de los marcos jurídicos, las relaciones sociales están condicionadas por desigualdades de distinta naturaleza. Estas desigualdades pueden marcar límites a la justicia cuando permean el sistema político.

Uno de los objetivos básicos de las democracias es reducir la concentración de poder y de bienestar e incrementar la participación de todos y todas en las distintas formas de estructuración de la sociedad, sus beneficios y sus responsabilidades.  Según el último Informe Nacional de Desarrollo Humano (PNUD, 2016), los procesos de democratización en Guatemala, han estado fuertemente limitados por desigualdades heredadas históricamente, que datan incluso de la colonización y que fueron acentuadas durante el siglo XX.

Según el informe, intereses corporativos y de sectores de poder tuvieron gran influencia en limitar las capacidades del Estado en formación para abordar los desafíos heredados de esa historia excluyente. Tanto los ingresos fiscales como el gasto público social no han logrado ni el monto ni la calidad necesarios para hacerlo y Guatemala sigue siendo de los países de la región que menos invierte en desarrollo social.  Se logró ampliar la carga tributaria en los primeros años del siglo XXI, pero dicha ampliación se desaceleró e incluso retrocedió en la última década. El debilitamiento de un Estado ya pequeño facilitó espacios a la corrupción y la cooptación, que permearon con cada vez más altos niveles de impunidad y condujeron a la crisis política de 2015, también analizada en el documento. En ese año, el país vivió una nueva forma de participación y demanda ciudadana, después de muchos años de aparente silencio que dejó el enfrentamiento armado interno.

Pero ese silencio era tan solo aparente, porque tanto antes como después de los periodos más fuertes de la represión estatal, muchas comunidades se han organizado para reclamar y demandar más justicia y mejores condiciones para definir y lograr su bienestar. Más del 80% de la población rural, en su mayoría indígena, vive en condiciones de pobreza, en la multidimensionalidad de las privaciones que la definen. Y esta alarmante situación es resultado de una exclusión histórica que, sin embargo, no ha logrado acallar sus voces, incluso con la  represión vivida en los años 80.

En el informe se muestra cómo muchas luchas de las comunidades se ven desde la lectura urbana como conflictividad, concepto que frecuentemente está cargado de negatividad y que se califica como asociado a resistencias al progreso. Se propone en el documento un cambio de enfoque para entender esa «conflictividad» en su dimensión histórica, procesual y territorial. Las luchas de la población que demanda una forma distinta de entender el progreso, más incluyente y con respeto al medio ambiente, son luchas por el bien-estar, en el sentido más profundo del concepto. Y son búsquedas que no competen solo a las comunidades afectadas. De hecho, tienen relación con desequilibrios ambientales y sociales producidos por una forma desordenada de planificar el desarrollo y que impactan negativamente a todo el país.

La participación organizada de la gente, en sus demandas por ese bien-estar, debe entenderse como ejercicio de agencia colectiva, inherente al desarrollo del potencial humano. El poder transformador de esa participación es resultado de la profundización de la democracia y sus mecanismos deliberativos y distributivos. Una democracia más amplia, permitirá el empoderamiento de la gente y buscará soluciones más justas a las disputas. El desarrollo es mucho más que ingresos, es lograr sociedades participativas y más justas, con oportunidades para trabajar por el bien-estar.

Decía Habermas que un Estado de Derecho solo es posible con una democracia radical.[1] Y profundizar la democracia requiere ampliar la participación de todos y todas en las distintas esferas de la vida social, en lo económico y en lo político. La viabilidad del país dependerá de eso.

[1] Faktizität und Geltung (VII)

 

EL BLOG DE DESARROLLO HUMANO es una plataforma de debate y discusión. La Oficina del INDH publica reflexiones que apoyan un diálogo constructivo sobre las opciones políticas  que permitan avanzar en el desarrollo humano de todos y todas, sin que nadie se quede atrás.

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Fotografía: Edgar E. Sacayon