Informe nacional de
desarrollo humano

Guatemala

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Agenda 2030

¿Un país más justo en 2030?

Desde que naces, la desigualdad te marca. En este país, coexisten varias Guatemalas, en una extraña distorsión topológica del espacio y del tiempo. En la ciudad hay espacios en donde se producen muestras de un ostentoso consumo que deslumbran a los visitantes de otros países de la región, a pocos kilómetros de aldeas en donde la desnutrición crónica supera el 75% y la pobreza extrema afecta a más de la mitad.

Gustavo Arriola Quan
abril 8, 2016

El ingreso promedio de Guatemala es el mayor de un conjunto de 71 países de renta media y baja a lo largo del mundo, pero por su índice de desarrollo humano ocupa el treceavo lugar de ese mismo grupo. El ingreso no se traduce automáticamente en calidad de vida y las desigualdades juegan un papel importante en impedirlo.

Hace un tiempo, fui testigo de una escena cotidiana pero que invita a reflexionar. En una reconocida librería de la ciudad, una facilitadora leía cuentos en un taller dirigido a niños. A pocos metros, un niño trabajador, con una caja de enseres para limpieza de calzado bajo el brazo, observaba con mucho entusiasmo, olvidando su estómago vacío y el propósito de su deambular por las calles. Al poco tiempo, despertó de su ensoñación y recordó su realidad, que lo invitó a seguir su camino en búsqueda de algún polvoriento par de zapatos. Las probabilidades de este chico de alcanzar un desarrollo pleno son escasas si se considera su rezago la oportunidad de estudiar, de nutrirse adecuadamente y de aspirar en el futuro a un empleo de calidad, eso sin mencionar la oportunidad perdida de convertirse en un imaginativo escritor.

Las desigualdades en dimensiones diversas del bien-estar, además de ser éticamente cuestionables, imponen barreras importantes al proceso de desarrollo, generando círculos viciosos que refuerzan la pobreza y restringen las libertades de más personas en la medida en que se agudizan. Los cuestionamientos éticos a la desigualdad se enmarcan en el ámbito de la idea de la justicia. Produce una indignación casi universal el hecho de que el presupuesto militar global (más de mil millardos de dólares), similar a lo que concentran los 100 millonarios más ricos del mundo, sería suficiente para eliminar el hambre en el mundo, al cual están condenadas unas 750 millones de personas. Pero, las desigualdades también producen trampas al desempeño económico, limitando la demanda agregada, reduciendo la eficiencia en la producción, agregando externalidades debidas al debilitamiento de la cohesión social e incrementando privilegios para las grandes corporaciones[1]. En América Latina y en otras partes del mundo, las desigualdades refuerzan los factores criminógenos facilitando espacios para los mercados ilegales, vulnerando poblaciones, principalmente de jóvenes e incentivando el delito aspiracional.

Las desigualdades son múltiples y se refuerzan y llenan de ignominia cuando se acompañan de discriminación, principalmente en países como el nuestro, con una historia colonial, en los que impera un racismo estructural y una arraigada exclusión de las mujeres. Guatemala es uno de los países más desiguales del mundo, en donde el 20% de la población percibe menos del 3% de los ingresos nacionales. Las desigualdades operan en primer lugar en el bien-estar: más del 60% de la población no logra cubrir una canasta básica de bienes y servicios, mientras que menos del 5% vive con excedentes para el consumo suntuario. Además, el acceso a educación y salud de calidad queda limitado a unos pocos. Los más desfavorecidos son también más vulnerables a la violencia criminal, a los desastres por eventos naturales y a las crisis económicas. Por otro lado, sus posibilidades de defensa en disputas por territorios y mejores condiciones laborales se reducen ante los privilegios de las grandes empresas y el debilitamiento de las instituciones democráticas. Estos privilegios profundizan las desigualdades, blindando la expansión de industrias extractivas y energéticas, y afectando principalmente a los pueblos indígenas y comunidades rurales, que ven aún más reducido su espacio de existencia vital. Guatemala cuenta con la carga tributaria (<11%) más baja de la región y uno de los gastos sociales más bajos, así como con una estructura social tan rígida como su «estabilidad macroeconómica».

A pesar de la amplia evidencia acerca de los efectos negativos de la desigualdad y al contrario que otros temas del desarrollo, como la pobreza y la educación, la reducción de la desigualdad es un tema que encuentra resistencia del statu quo. Se utilizan ingentes recursos en el desarrollo de sofisticadas y oficiosas respuestas, estructurando ideología e influenciando al poder político para limitar la democratización y la redistribución de oportunidades económicas y políticas.

No obstante, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible incluye, ahora sí, el combate a las desigualdades de forma mucho más explícita. El Objetivo 10 plantea compromisos para la reducción de las brechas en los ingresos de los más pobres respecto al promedio nacional, la promoción de la inclusión económica, política y social, el combate a la discriminación, políticas fiscales y de protección social, mayor representación política, eliminación de barreras para la movilidad humana y regulación justa de mercados financieros.

Este compromiso se suma a otros suscritos por Guatemala, desde los Acuerdos de Paz, los ODM y diversas conferencias internacionales y que juntos constituyen un marco para la acción política en demanda de un mejor país. Es imperativo retomar las acciones conducentes a su cumplimiento, desde la política pública, pero también desde la demanda ciudadana.

Gustavo Arriola Quan: formado en filosofía y matemática, trabaja en el análisis del desarrollo humano en el PNUD, bajo la óptica de la teoría de la justicia y el bienestar que se debate en el marco del enfoque de capacidad.

Columna publicada originalmente en Plaza Pública el 02 de septiembre de 2015

[1] Aunque hay abundante literature al respect, véase por ejemplo, Stiglitz, J. (2012) The Price of Inequality. Norton; Piketty, T. (2013) El Capital en el s. XXI. FCE; y Sen, A. (2009) The idea of Justice. Cambridge.