Informe nacional de
desarrollo humano

Guatemala

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Agenda 2030

Promover la democracia, la paz, el Estado de derecho

En las perspectivas del desarrollo humano no solo bastan los aspectos materiales. El salario justo para atender las necesidades básicas de la familia, la educación que permita comprender el mundo en que vivimos, la condición saludable que evite los dolores de una enfermedad, todo ello puede obtenerse en el seno de una sociedad democrática, la que imaginamos que vendría después del conflicto interno y por la cual hay que luchar en un medio como el guatemalteco, que todavía tiene bajos índices de desarrollo humano.

El desarrollo humano forma parte de los diversos aspectos políticos y sociales de una vida inclusiva, de una estructura que permita a todos los guatemaltecos un acceso a las diversas oportunidades que la sociedad ofrece.

Con el mismo vigor con el que se plantean las luchas por la erradicación de la pobreza extrema y el hambre se deben realizar esfuerzos para que nadie se quede atrás en la vida social, para lograr la inclusión de más gente en los beneficios del desarrollo, particularmente en las condiciones que normalmente crea la vida democrática. Constituye la garantía de una vida con independencia y libertad la construcción de una sociedad pacífica, libre de conflictos, en la cual esté asegurado el acceso a la justicia en todos los sitios y para todas las personas, en una igualdad de oportunidades que se ponen a prueba diariamente. Son las desigualdades sociales, económicas y culturales las que producen las mayores injusticias en las personas, ya que producen constitutivamente seres jurídicamente inferiores.

Es importante para todos que transcurra la existencia personal sin temor a perder la vida o los activos económicos con violencia. O la familia. O los amigos. La libertad sin miedo se traduce en la confianza de que se vive en un medio seguro. Hay que superar las condiciones que durante mucho tiempo provocaron vidas con terror, que causan daño a la coexistencia humana. Los sectores más vulnerables de la estructura social han sido los más castigados por lo que llamamos la violencia y sus distintas formas. Primero fue la violencia política, que mató sospechosos, y luego llegó, hasta estos días, la violencia homicida, que asesina rivales o cómplices.

Acompañan a este clima de dolor el maltrato, la explotación, la trata de mujeres y niños. Hemos creado una sociedad forjada en la dolencia y la muerte. Por ello es importante la convivencia democrática, que valora la vida y castiga al culpable. Porque el otro rasgo negativo de la historia del país es el cultivo de la cultura de la impunidad, que se burla de la víctima y de la ley, que niega la justicia y premia el crimen. También aquí aparecen los delitos de la discriminación y el racismo, que causan dolor y degradan al ciudadano. Hay formas de hecho en que la discriminación se practica, pero son más importantes las leyes que castigan el racismo en sociedades como la guatemalteca, que alberga en su interior comunidades pertenecientes a grupos con diferentes etnias, con diversos idiomas, con diversas condiciones de incorporación a la sociedad nacional.

El fin de la inseguridad significa el fin de los conflictos, del delito, de la violencia, de la impunidad. Es el triunfo de los valores democráticos y de las instituciones participativas, incluyentes. En resumen, es la victoria de la legalidad, el reinado de la ley. El rasgo constituyente más importante de la democracia es el imperio de la ley. De hecho, es promover el Estado de derecho. Esta es la conquista decisiva para tener sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo, facilitar el acceso a la justicia, crear instituciones que cumplan eficazmente sus funciones en beneficio de todos. De esa manera obtendremos condiciones favorables para el desarrollo humano de todos, para mayorías importantes, hacia el 2030.

Columna publicada originalmente en Plaza Pública el 09 de octubre de 2015