Informe nacional de
desarrollo humano

Guatemala

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Agenda 2030

Desmontar el Patriarcado y el Capitalismo, para lograr algo más que igualdad de género

Nuevamente los Estados que conforman el sistema de Naciones Unidas se reunirán en la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible, para presentar metas globales destinadas a erradicar la pobreza, promover la prosperidad y el bienestar, proteger el medio ambiente y hacer frente al cambio climático a nivel mundial.

Andrea Ixchíu
febrero 8, 2016

Esto ya lo hicieron en el año 2000, en la Cumbre del Milenio, que dio origen a la Declaración del Milenio, que definió para casi dos décadas un conjunto de objetivos y metas de desarrollo en cuyo cumplimiento se comprometieron a participar activamente todos los gobernantes del mundo, incluyendo a Guatemala.

La igualdad de género ocupó un espacio importante en la declaración del año 2000, en donde se reconoció la importancia y rol fundamental de la lucha por la igualdad para alcanzar un mejor acceso a salud a educación, para erradicar la pobreza y tener un ambiente sano, etc. Sin embargo, dentro de la nueva declaración de la próxima Cumbre de las Naciones Unidas, se le asigna un objetivo concreto: lograr igualdad de género, mediante el empoderamiento a las mujeres y niñas.

Sin embargo, en una sociedad patriarcal-capitalista como en la que vivimos, todas las personas, pero en especial los cuerpos de las mujeres, son explotados y tratados como objetos sexuales o como botín de guerra. Puesto que nuestros cuerpos dentro de este sistema se constituyen como parte de la “propiedad privada” de su “dueño”, que puede ser: el capital, la empresa, la sociedad, el presidente, el policía, el marido, el pastor de la iglesia, el sacerdote. Nuestros cuerpos y nuestra condición de mujeres han sido reducidas a ser máquinas reproductivas de la mano de obra que producirá el capital.

Dentro de esa lógica patriarcal-capitalista, es comprensible, y no por eso menos trágico, que el compromiso asumido por los estados hace 15 años en materia de lograr igualdad y equidad de género siga en números rojos. (Igual que lo que ocurre con la meta de lograr un ambiente sano, donde en lugar de reducir la contaminación, vamos rumbo a una catástrofe ambiental irreversible).

Las cifras de femicidios, de mortandad materna, de violaciones sexuales, de desnutrición de las niñas, la incapacidad de implementar modelos sensatos de acceso a la salud sexual y reproductiva, la pobre oferta en educación, la ausencia de empleo o la existencia del mismo en condiciones precarias y mal remuneradas, la baja participación política efectiva, siguen siendo muestra de lo poco que importa a los Estados la vida de las mujeres.

Según datos del Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva durante el año 2014 en Guatemala se reportaron 5,100 embarazos en niñas entre 10-14 años. Esto ocurre aún con la existencia de la ley contra la violencia sexual, explotación y trata de personas. Ocurre a pesar de que Guatemala ha ratificado múltiples convenios en materia de derechos de la niñez y adolescencia y de tener por 7 años vigente la ley contra el femicidio y otras formas de violencia contra la mujer.

El camino para cambiar el imaginario social machista, que justifica uniones tempranas o violaciones sexuales, va más allá de lo legal. La ruta para frenarlas requiere esfuerzos coordinados y sostenidos a todo nivel. De cambios de paradigmas, de no buscar la igualdad por la igualdad. Toca reconocer todas las diversidades, esto será para educar y construir una sociedad no homogeneizadora que respete las diferencias, ya sean étnicas, culturales o sexuales, nos urge construir movimientos que aspiren a transformar las relaciones de poder actuales.

Desde la crítica feminista se ha entendido que la igualdad es un término que congela y que por sí sola no es suficiente, la aspiración es hacia transformar el modelo entero, porque los hombres tampoco tienen una situación ideal, los hombres también deben ser liberados, porque son sujetos de un proceso de explotación capitalista. Como bien enuncia Silvia Federicci: “si solo luchamos por la igualdad, las mujeres queremos la misma explotación capitalista que sufren los hombres”. Por eso es preciso comprender que la lucha feminista va en el sentido de que nadie debe ser explotado como mano de obra barata o para ser enlistado en los ejércitos de los poderosos. Significa tener una actitud emancipadora y liberadora.

¿Qué podemos esperar de cara a la ratificación de estos enunciados mundiales en la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible en Guatemala? No podemos esperar muchos cambios. Mientras la matriz extractiva que atenta contra los cuerpos y territorios siga intacta, mientras el arreglo político vigente que fomenta las violaciones a los derechos humanos y castiga a quien defiende la vida, las mujeres nadamos contra corriente.

Guatemala vive un momento electoral. A la fecha ya se han electo poderes locales y diputados, las redes que por años han vivido de la corrupción en el Estado se han re-electo en muchos lugares y vamos rumbo a la segunda vuelta, donde se perfila a Jimmy Morales como candidato favorito a ocupar la presidencia del país. Él que con su discurso irrespeta la laicidad del Estado, que se ha posicionado contra el aborto y que es abiertamente homofóbico y racista, tiene la simpatía de un gran sector de la población, quienes tras un discurso bastante machista descalifican a la otra contendiente, Sandra Torres. Ella, aun siendo mujer tampoco representa un desafío al status quo. En Guatemala se teme a los cambios, la población prefiere mantener el orden actual de las cosas que salir a luchar por un nuevo pacto político y construir nuevos modelos económicos.

Sin la voluntad y capacidad política de los miembros de un gobierno y sin una sociedad dispuesta al cambio las listas de buenas voluntades y los convenios internacionales seguirán empedrando nuestro camino al infierno.

Mientras tanto, las mujeres que nos declaramos feministas seguimos construyendo alternativas que buscan aumentar nuestra autonomía. Pero ojo, que la autonomía va más allá de no depender del salario del marido o el padre, se trata de liberarnos de las ataduras de la dominación del capital en nuestras vidas.

Andrea Ixchíu: Mujer Maya K’iche de Totonicapán, me mueve la digna rabia por las cosas con las que no estoy de acuerdo, me motiva la convicción de cambiar la realidad. Mi vida y mi cuerpo son la primera y la última frontera que el capitalismo tiene que colonizar. Creo en la comunidad, disfruto de las diversidades. Soy parte de ese grupito que insiste en crear otro mundo.

Columna publicada originalmente en Plaza Pública el 22 de septiembre de 2015